02 septiembre, 2006

Software portable

Antes de acostarme, cuatro cinco links para iniciar al lector en el apasionante mundo del software portable:



Imagina que puedes abrir y usar tus programas desde un pendrive USB, o en lugar de instalarlos en tu ordenador, simplemente "los dejas" en una carpeta en la partición que mejor te venga. Preferencias, archivos temporales, logs, etc... todo eso se guarda en el mismo directorio de la aplicación, sin tocar para nada el registro del sistema.

Si necesitas reinstalar el sistema, formatear el disco duro o cosas así, no tienes más que poner a buen recaudo las carpetas con tus aplicaciones y cuando vuelvas a tener un sistema operativo estable, devuelves las carpetas a donde estaban (o las pones en otro sitio, da igual).

Eso es software portable, y es algo que me encanta. El 70% del software que tengo en mi ordenador es portable. Precisamente estoy escribiendo este post desde un Firefox Portable en una llave USB. En él llevo los bookmarks más habituales y siempre están instaladas las extensiones que uso para trabajar (algún día colgaré un post sobre ellas)

La mueblería mecánica

Esta es una de las últimas fotos que tomé cuando vivía en Cataluña. Desde que llegué me había quedado con el logo de esta mueblería porque me recordaba un montón al del cartel de la película "La Naranja Mecánica".

Parecidos razonables

El último día que estuve en Viladecans, ví el camión y fui a propósito a por la cámara para hacerle la foto (recomiendo sinceramente no cortarse ante tales impulsos. La satisfación es grande).

Total: La verdad es que hay cierto parecido pero tampoco es el mismo tipo de letra. Pero bueno, se parece bastante, ¿no?

De dónde vienen los niños

Me encanta este libro infantil alemán, explicando a los más pequeños de dónde vienen los niños. No se anda con rodeos. Lo alemanes son así de prácticos. Ni ratoncito Pérez, ni Reyes Magos ni la chorrada esa de la cigüeña. Me imagino igual de directo el libro "Qué pasa cuando morimos" o "A dónde va lo que comemos".

Al pan pan y al vino vino, qué coño. Aquí engañamos a los crios con cuentos chinos hasta que se dan de bruces con una hipoteca.

Chachi por los alemanes.